Jesús Gerardo Díaz Martínez · Arquitecto de sistemas de legibilidad para emprendimientos tempranos | Fundador del Modelo Colibrí LATAM · 21 de enero de 2026
Durante años nos enseñaron que un buen pitch podía abrir todas las puertas. Tres minutos bien ensayados (a veces menos), algunas métricas prometedoras y una narrativa atractiva parecían suficientes para validar un proyecto… y con frecuencia, incluso, a la persona que lo impulsa.
El problema no es el pitch. El problema es creer que el pitch alcanza.
Emprender no es una foto. Es una película. Y ahí comienza la distinción.
El pitch: una herramienta necesaria (pero efímera)
El pitch cumple una función concreta: comunicar valor en un instante específico. Se adapta a la audiencia, al momento, al objetivo. Cambia cuando cambia el contexto. Y eso está bien.
Un pitch bien construido responde a preguntas como: ¿Qué problema resolvemos? ¿Cómo lo hacemos? ¿Por qué ahora? ¿Por qué vale la pena escuchar esto hoy?
Es un acto estratégico. Persuasivo. Momentáneo.
Pero el pitch no está diseñado para revelar identidad, ni para explicar por qué alguien insiste cuando no hay aplausos, inversión ni tracción que mostrar.
La DIDE: lo que permanece cuando todo cambia
La Divina Insatisfacción del Emprendedor (DIDE) opera en otro nivel. No es un discurso, ni una emoción pasajera. Es una promesa profunda que la persona emprendedora hace frente a una situación del mundo que considera inaceptable.
La DIDE no se adapta al interlocutor. Compromete la identidad.
Es aquello que el emprendedor no logra ignorar. El problema que, aun cuando cambia de forma, vuelve a aparecer. La insatisfacción que no se negocia.
Por eso la DIDE no se escucha en un pitch. Se observa en el viaje.
El caso Canva: pitch cambiante, DIDE constante
Si miramos la historia de Canva y de su cofundadora Melanie Perkins, esto se vuelve evidente.
El pitch de Canva cambió muchas veces a lo largo de los años:
- Primero fue una herramienta para diseñar anuarios escolares.
- Luego una plataforma de diseño online.
- Más tarde un producto freemium escalable.
- Hoy, un sistema operativo creativo con inteligencia artificial.
Distintos pitches. Distintas audiencias. Distintos momentos.
Pero la DIDE se mantuvo intacta:
La certeza de que la creatividad estaba injustamente reservada para unos pocos, y de que era necesario diseñar sistemas simples y accesibles para que millones de personas pudieran crear y comunicar sin ser expertas.
Esa insatisfacción aparece cuando Melanie enseñaba diseño en la universidad, se expresa en Fusion Books, se amplifica con Canva, persiste con la expansión global, la IA, las adquisiciones y la gratuidad educativa.
El producto cambió. La promesa no.
Cuando no hay tracción, la DIDE importa más que el pitch
En etapas tempranas, muchos emprendedores sienten que no tienen “nada para mostrar”. No hay usuarios, no hay ingresos, no hay métricas.
Ahí es donde el pitch se vuelve frágil.
La DIDE, en cambio, no depende de la tracción. Depende de la coherencia del viaje.
Cuando no hay números, la DIDE permite responder preguntas más profundas: ¿Por qué esta persona y no otra? ¿Qué problema no está dispuesta a soltar? ¿Qué promesa está dispuesta a sostener aun cuando no haya resultados inmediatos?
No reemplaza al pitch. Lo antecede.
Foto y película
El pitch es una fotografía bien encuadrada. La DIDE es la película completa.
Ambas son necesarias. Pero no cumplen la misma función.
Si solo miramos fotos, corremos el riesgo de enamorarnos del encuadre. Si miramos la película, empezamos a entender al protagonista.
Tal vez el desafío no sea pedir mejores pitches. Tal vez sea aprender a mirar mejor los viajes.
Porque al final del día, los proyectos que cambian el mundo no nacen de discursos perfectos, sino de insatisfacciones que no se rinden.
